Hoy escribes tú

Un viaje y Coge aire

Andrés Amorós nos lee dos nuevos relatos de los oyentes: uno sobre un viaje y otro sobre la vida.

esRadio

Un viaje

Ante mí se extiende la cinta negruzca de la carretera. Unos cuantos árboles por aquí. Algunas rocas por allá. Y el horizonte enorme por delante. Sobre el horizonte algunas nubes pastan en el cielo azul brillante.

Van pasando las rayitas, unas veces cortas, otras más largas, que señalan los puntos donde puedo o no adelantar. ¿Adelantar? Hace como una hora que los únicos bichos vivientes que he visto son los miles de insectos que se van estrellando contra el parabrisas. Y después de eso ya no son vivientes.

En la radio suena, entrecortada, una canción. Jessica de los Alman Brothers. Y el paisaje se funde con ella y baila alegre a mi alrededor.. Vaya recuerdos que me trae esta canción. Las rayitas de la carretera se me antojan otra cosa pero de eso ya hablaron otros hermanos... ¡¡¡Los Freak Brothers camino de Woodstock!!!!

De vez en cuando veo, a lo lejos, una construcción. ¿Será una casa, un almacén, un establo? Imposible saberlo. El calor del suelo hace que el aire reverbere en imágenes imposibles. Tal vez no haya nada. O tal vez sea un espejismo de algo que vi hace ya mucho tiempo.

Los kilómetros ruedan al son de la canción y desaparecen a mi espalda, justo en el momento en que las ruedas traseras los patean sin piedad. Y el sol cada vez más alto y más brillante es la promesa de un agradable viaje.

La canción va aumentando su intensidad y tengo que parar el coche, bajarme y fundirme con el paisaje en una danza salvaje, tribal. Amigos de vidas pasadas se acercan y hacen un corro a mi alrededor bailando también ellos al son de la música.

De repente me doy cuenta de que la carretera se está desdibujando. Sin embargo la música sigue sonando y son las nubes las que danzan como una guirnalda de blancos borreguitos, dibujando las formas más curiosas que había visto en mi vida.

Ahora todos giramos en círculos como peonzas y trazamos arabescos en el suelo. Nubes, amigos, árboles, rocas, horizonte... todos fundidos en la gran danza de la vida en alguna carretera del tiempo. Danzarines sufíes de la nueva era. Suenan los últimos acordes y poco a poco todo va perdiendo su brillo.

Pitidos y bocinazos. Eso es lo que oigo ahora. ¡Mierda de atasco! ¡A ver cuando arranca el imbécil de delante! ¡Que ya está bien, tío! Llego tarde a la oficina. El jefe se va a poner hecho una furia.

¡Cómo odio los lunes lluviosos!

Victoria Giménez

 

Coge aire

Coge aire. Saborea esa porción de universo que entra en ti. Mantenla a salvo en tus pulmones. Conserva la inspiración en tu interior con riguroso cuidado. Si sientes que es una sensación hermosa, sonríe. No hay mayor prueba de que estás vivo. La sangre que recorre tus venas es sangre joven. Fluye por tu cuerpo al acompasado ritmo de tu corazón. Y aunque lata al afligido ritmo de un réquiem, siente su retumbar mientras esperas el siguiente latido.

¿Cuántas veces has olido las flores sin apreciar su fragancia? Ante todo ten en cuenta que aún formas parte de este mundo. Así que, no dejes que tus cielos se nublen. No dejes que la luz del sol sea eclipsada por tus pesares. Siente como su luminosidad rebosa en tu cuerpo. Sentirás que tu peso se aligera y la gravedad se esfuerza menos contigo. Si te sientes enardecido, sonríe. Que tus vidriosos ojos no empañen tu perspectiva del mundo. Deberías llenar tu pesar con la vida que aún reside en ti. Es pronto para rendirse. No puedes desfallecer, no ahora. Cuando más necesita el mundo que permanezcamos fuertes, más queremos desaparecer y quedar atrapados en la resaca de nuestros días. Asique respira y agradece poder hacerlo.

Si pudiera yo misma te cogería la mano. Haría que tu dolor se atenuara al poderlo compartir con alguien. Tu mayor consuelo es que puedes cantar, correr, bailar. Pero si no te lo permite tu cuerpo, si solo desea esperar a las horas hasta que le consuelen, oblígale. Existen muchas cosas que deberías realizar en esta vida. Son demasiadas para el poco tiempo que nos ha cedido la biología.

Si pudiera acariciarte, lo haría. Te susurraría al oído todas las cosas que decidí callarme cuando te tenía a mi lado. Vive, sé feliz. Vive la vida que yo desperdicié. Espero que mi recuerdo no te desgarre el alma, es lo último que quiero. Si pudiera sentir, mi interior se desmoronaría mientras te veo derramar lágrimas sobre mi tumba. Mi mayor deseo en la vida era que tú, hijo mío, fueras feliz. Pero no lo he conseguido. He provocado que la tristeza llegue a tu corazón. Espero que puedas perdonarme.

Sonríe, recuerda todo lo que hemos vivido. Pero no lo recuerdes como algo que no se volverá a repetir, valora la suerte que tuviste al vivirlo. No hay nada más triste que un recuerdo feliz.

Asique no te vengas abajo. Lo más importante que llegarás a sentir será la vida, tu esencia. Aprovecha la maravillosa y perfecta combinación de cuerpo y mente. Solo tienes una vida para sentirlo, y todo se agota...

Nieves García

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