
Mi amigo Javi
Tengo un amigo, Javi, con una enfermedad incurable que le está carcomiendo poco a poco, y cada vez que voy a visitarle, se mezclan dos sentimientos contradictorios que me aturden completamente.
Por una parte, me gusta ir a verle porque sé que él disfruta. Hablamos, nos reímos de casi todo, y creo que pasa un rato agradable. Pero la visión de una persona hiperactiva como él, casi inmóvil, apuntalada con un montón de aparatos que le mantienen erguido artificialmente, me produce un dolor interior muy difícil de describir, como una punzada en el alma que me deja inerte durante bastante rato.
Al encontrarnos, siempre me dice lo mismo, que está en el mejor momento de su vida, y aquello ya termina por apuntillarme.
Cuando le oigo decirme esto, pienso, "entonces, ¿en qué momento de mi vida estoy yo?".
Sé que mi amigo tiene suerte de ser como es, de sufrir como sufre, y de vivir como vive... siempre en el mejor momento de su vida.
Conocer y tener como amigo a un tipo como Javi, ha dejado una herida en mí por la que solo pueden salir el optimismo y la ilusión necesarios, para disfrutar, aquí y ahora, del mejor momento de mi vida.
Jorge Francisco
Prensa
De eso hará ya una década de años. Lo sé porque fue el primero negro de aquella profunda crisis que tantas cicatrices nos dejaron a todos. La acababa de conocer y estaba en esa fase inicial en la que se habla un poco de todo, saltando de un tema a otro; como picoteando.
Tratando de andar sobre suelo firme le pregunté algo sobre la prensa. Lo captó enseguida (menuda era, no se le escapaba ni una) y no reveló sus preferencias, ni tampoco –lo más interesante- sus fobias, y es más, me devolvió la jugada sutilmente con un... ¿Y tú, cómo lees el periódico?
La pregunta me desconcertó. No sabía si se refería a que si mi lectura era superficial y de titulares o de esas de a fondo; o si empezaba leyendo por detrás, o si miraba primero las páginas impares o...
- "Pues yo, en realidad eh". Balbuceé. Me ayudó –de las poquísimas veces que fue generosa conmigo-
- "Mira, un periódico debe empezarse siempre leyendo los anuncios".
No recuerdo bien si me dijo "viendo" o "leyendo", pero poco importa. Para mí, el no leer, ni tan siquiera mirar los anuncios, había sido como un acto de rebeldía íntimo, pero bueno, haría una excepción un día. Y la hice, y además fue al día siguiente.
¡Pero bueno! ¡Como no lo habría hecho antes! Me dije. Allí, y sólo allí, estaba el país entero, estaba su pulso y su sangre. Allí estaba la vida y se mostraba con descaro, con sus defectos y alegrías, Y si te fijabas bien, muy bien, te mostraba hasta sus colores y sabores.
¿Qué habrá sido de aquella mujer? Me gustaría tanto volver a verla y hablarle de aquella ventana prodigiosa que ella me enseñó a abrir. Nunca cejo en mi empeño, y como homenaje, lo primero que hago siempre al abrir el periódico es buscarla en los anuncios. Y hoy, ya era hora, la he visto. Sé que es ella. El anuncio dice..."Mujer, aún joven, desearía relación con hombre maduro, que conserve buena vista, para leer juntos el periódico".
Domingo
LD: Lo más leído