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Martes Literario

Él y Fantasía sobre Lisístrata, otro final para un clásico

Andrés Amorós y Nuria Richart nos traen dos nuevos relatos. El primero lleno de amor y cariño, el segundo es el primer relato que recibimos plagado de humor.

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Él

Así, así, solo me ha querido mi padre y Él. Mi padre se marchó un 12 de Noviembre, hace muchos años, Él un 12 de Mayo, hace 2 años. Cuando le recuerdo aún se me llenan los ojos de lágrimas. Ahora, ahora mismo tengo que hacer un alto en este relato y serenarme.

No tengo nada que reprocharle, solo agradecerle su cariño, paciencia, comprensión, devoción, sí devoción, porque su cariño era devoción. Le sorprendía mirándome como si yo fuera algo sagrado.

Cuando dormitaba acurrucado a mi lado y se despertaba sobresaltado por un mal sueño, me miraba durante unos segundos como para cerciorarse de que yo era real, daba un largo suspiro y volvía a quedarse dormido. Al verme comprendía que todo estaba bien que no había por qué preocuparse.

A lo largo de quince años de convivencia, en un par de ocasiones tuve que viajar sin Él, a mi vuelta había adelgazado y no porque comiera menos, todo lo contrario, pero ese no tenerme cerca le creaba tal estado de ansiedad que le hacía perder peso.

Su última semana de vida la pasé sin enterarme de nada que no fuera Él, no comprendía cómo podía estar sucediendo aquello. Cuando volvimos de enterrarle tuve que mirar en el calendario la fecha, no sabía que día era, ¡que casualidad también un día 12!

Según va pasando el tiempo y recuerdo los años transcurridos junto a Él estoy cada vez más convencida que no hay otro como mi Teno. Ni hay, ni ha habido, ni habrá otro perro como Él.

Margarita Brasas

Fantasía sobre Lisístrata, otro final para un clásico 

El juramento sería solemne. Ahí estaban al caer la tarde Lisístrata, Cleónice, Mirrina y Lampiro reunidas frente a las copas del sagrado juramento. Los tríglifos, metopas, los capiteles del templo de la diosa victoriosa, Atenea Niké, escucharon las palabras de su promesa dichas en las lomas del monte más sagrado de Grecia.

-"Escuchad Grecia entera; mujeres del Peloponeso, de la Arcadia, de Ática, de Etolia, Tesalia, Creta, Rodas, Quios y Lesbos, escuchad. Nosotras, frente a la jarra que contiene el sagrado líquido de Dionisos, frente a los umbrales de nuestros dioses, juramos solemnemente que no yaceremos con nuestros maridos ni con nuestros amantes hasta que éstos no hagan las paces en todos sus asuntos. Oh dioses de la Acrópolis sed testigos de nuestras palabras, y si alguna de nosotras rompiera nuestra promesa verted agua en el vino con el que sellamos nuestro pacto."

Las copas fueron servidas y las cuatro mujeres mojaron sus labios en señal de aprobación al juramento realizado.

 "Es extraño, -pensó a la mañana siguiente el esclavo encargado de la limpieza del recinto sagrado- ¿Quién habrá utilizado las copas sagradas para servir una vulgar agua?"

Diego Carreño

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