
El despacho
Empleado: ¡Siguiente!..
Cliente: Buenos días (Se cierra la puerta).
E: Buenas...
C: Venía a...
E: Si, si, pase y siéntese.
C: Gracias.
E: Un momento que guardo el expediente anterior (se cierra un cajón)... Ya.
C: yo traía los papeles de...
E: ¡Uy! ¿Me disculpa un momentito...? (se marcha y al poco rato vuelve)
E:...cuando la vejiga aprieta...
C: Si, claro. Aquí traigo... (suena el teléfono)
E: ¿Si...?, no..., luego..., pero..., vale, vale..., te llamo... (cuelga). Perdón, no le dejan a uno...
C: Nada, tranquilo...
E: Bien, ¿por dónde íbamos?
C: Le estaba entregando el certificado de... (Abren la puerta rápidamente y entra una persona con dos carpetas).
Otro empleado: Perdona cielo..., ¿Estás muy ocupado?.. Esto corre un poco de prisa... ¿me disculpa verdad?
C: si, como no....
O: Me firmas aquí..., me pones el sello..., la fecha... pon la de ayer si no te importa...
E: Si, si, ¿En el otro también?
O: No, en este la de mañana, ya que estamos...
E: Bueno, ya lo tienes... ¿Algo más?
O: No, gracias corazón... y perdone ¿eh?.. (Se cierra la puerta fuerte).
E: Buen, ya estamos tranquilos.
C: Tenga, el original y...
E: ¿Tiene un caramelo? Tengo la garganta que me pica... (carraspea).
C: No, lo siento, no llevo ninguno.
E: Bueno, aguantaré... Veamos... ¿Qué es esto?
C: La partida de nacim...
E: Es que esto no es aquí...
C: ¿Me he confundido de despacho?
E: Si, es en el 9 y no en el 19.
C: Pero si me lo han dicho abajo...
E: Ya, ya..., pero aquí solo son matrimonios... y yo no puedo hacer nada.
C: Ah..., disculpe... (Se levanta y sale del despacho).
E: Hay que ver cómo le hacen a uno perder el tiempo... ¡Siguiente!
Elena Pedraza
El Perro
Era muy tarde, alrededor de las tres de la madrugada, conducía por la estrecha calzada de una carretera, que desde luego había conocido tiempos mejores. Regresaba de unos cursos que la empresa nos obligaba a hacer, en esa ocasión en Lora del Río. ¡Qué absurdo hacernos ir tan lejos para decirnos sólo chorradas!
A esas horas no había un alma en la carretera, al menos no tenía que estar cambiando de luces a cada cruce. Pille una recta larga y aproveché para aligerar el trámite pisando a fondo. En mala hora. Porque no sé cómo, de repente, tenía un perro parado en medio de la calzada, sus rojos ojos me miraban fijamente. Trate de esquivarlo, pero la carretera era demasiado estrecha y sin arcén, debí volcar, porque no recuerdo gran cosa de cómo fue el golpe. Seguramente estuve inconsciente un buen rato. Cuando desperté, no podía moverme, las piernas me dolían a rabiar y estaba cabeza abajo.
Procuré calmarme, y analizar la situación. He tenido que dar varias vueltas de campana y estrellarme contra algo, pensé. La zona de los pedales bajo el volante estaba aplastándome las piernas y me tenía atrapado. Todo está muy oscuro, no veo casi nada. Me duele el cuello pero puedo moverlo bien y los brazos también, no creo estar muy grave. El móvil, ¿dónde está el móvil? ¡Maldita sea!, con las vueltas debió de salirse del bolsillo y no pude encontrarlo. Necesito que alguien me vea para que llame a urgencias.
De repente giré la cabeza y me di un susto, el perro que por poco atropello estaba allí. ¡Jodido chucho! ¿Qué quieres ahora?, le espeté. El pobre animal dio un repullo y retrocedió unos pasos. Continué palpando el techo del coche para localizar el móvil. Al poco note como tiraban de mi manga. ¡Coño!, que susto. ¡Tú otra vez, qué quieres ahora maldita sea!
Al principio no se dejó tocar, pero cuando me hubo olido bien, se dejó acariciar y me estuvo lamiendo los dedos un rato. Estuvimos solos él y yo toda la noche y he de reconocer que su compañía me reconfortó bastante, las piernas se me habían entumecido y el dolor era soportable. En el MP3 cantaba Elvis, ya sé que parece ridículo, pero me puse a explicarle a aquel mil razas con pinta de podenco, quién era "El Rey" y que quizá aquel perro de caza del que hablaba fuese un antepasado suyo. Bueno... esas chorradas me impedían pensar en la posibilidad de no volver a ver a mi familia y de quedarme listo allí tirado en mitad de la nada. Por culpa un estúpido accidente al volver de un estúpido curso de mierda.
Al amanecer éramos íntimos. La música había agotado la batería y los murmullos del campo alegraban el día. Mis dolores también se habían despertado y con la luz del día pude ver que el móvil estaba fuera del coche y fui incapaz de hacerle comprender a mi amigo, que necesitaba que me lo trajera. Pude ver que la carretera quedaba unos tres metros más arriba, y que mi coche se había empotrado contra un olivo. Así que, iba a ser difícil que alguien me viera y la verdad, cada vez me encontraba más débil.
Comenzó a sentirse algo de tráfico y mi amigo desapareció de pronto y se puso a ladrar como un desesperado a cada coche que pasaba allá arriba.
Quiero pensar que fue un rasgo de inteligencia. Lo cierto es, que la acción tuvo su efecto y poco más de una hora más tarde, una camioneta se paró a ver qué ocurría. Debían verse las huellas del accidente en la calzada y un tipo grandote se asomó y al ver mi coche enseguida estaba prestándome auxilio. Misteriosamente mi perro salvador se había quitado del medio.
La ambulancia tardó más de lo que yo hubiera deseado, esos últimos momentos se estiran hasta lo insoportable. Cuando ya estaba en la camilla y trataban de introducirla en la ambulancia, pude ver como al otro lado de la carretera, dos ojillos se clavaban en los míos. No pude evitar alzar la mano hacia él para despedirme y dar las gracias. Al instante salió de los matorrales y echando una carrera cruzó la carretera.
Un golpe seco me heló el alma... Un coche rojo pasó zumbando y ni siquiera paró a ver lo que había hecho.
¡Perra vida, coño, perra vida!
Javier Fernández
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