
Aunque en algunas de las escasas reuniones en las que coincidimos yo siempre intentaba un acercamiento, porque para mi la familia siempre ha sido y sigue siendo, algo extremadamente grande e importante.
Cuando me anunciaron que te morías, una angustia inenarrable inundó mi pecho, por mi lejanía, por mi incapacidad física para estar a tu lado y, sobre todo, por no haber puesto más empeño en hablar contigo y esclarecer aquellos motivos, de los cuales ninguno fuimos artífices, pero en los que tu futuro se vió involucrado y yo no me enteré.
No obstante, mi querido hermano, y a pesar de todos los impedimentos, fui a tu lado y conseguí que te fueras cogido de mi mano. Para darte ánimos, para que supieras que mi amor hacia ti me hacia desear que pasaras ese umbral conmigo, con mi aliento, con la certeza de que no estabas solo.
Y te fuiste.
Me gustó tu lucha y te acompañamos todos en ella, pero ese era tu tiempo....esa era tu hora.
Y te fuiste.
Y nuestro corazón, desgarrado por el dolor, sin el trozo que te llevaste de él, se quedó aquí
Pero también tú nos dejaste un trocito del tuyo...que yo guardo junto al mío como un tesoro, porque en la penúltima reunión familiar que tuvimos, cuando llegó la hora de la despedida, te susurré al oído:
"Te quiero hermano"
Y tú me dijiste, mirándome a los ojos y con una amplia sonrisa:
"Yo también a ti"
ALICIA RODRIGO PÉREZ
LD: Lo más leído